El cielo, ese color celeste de infinita hermosura y de una majestuosidad inmensa que nos hace ver cuan pequeños somos y cuan grande es Dios, es lo que un agricultor tiene entendido como su mayor valor de subsistencia. Siempre he admirado la cultura de trabajo que un agricultor mantiene, esto porque el agricultor sabe que el viento viene del cielo, la lluvia viene del cielo , el sol viene del cielo, la obscuridad viene del cielo, las tormentas viene del cielo, la nieve viene del cielo y mucho más. Él tiene la certeza absoluta que depende de cómo el cielo se comporte para que su trabajo rinda el fruto que anhela. Sería bueno adoptar también la forma sabia de trabajo que un agricultor mantiene, digo esto porque ellos se levantan antes que el sol salga, trabajan dando lo mejor de si, viven atentos a las estaciones, tienen paciencia, saben que no hay recompensas inmediatas y además entienden lo más importante, y es que deben trabajar y luego esperar mirando al cielo.
APLICACIÓN DE LA ENSEÑANZA
La mirada de un agricultor pareciera estar mucho más clara de lo que significa pararse frente a la vida, porque mirar al cielo es reconocer lo más importante que es la soberanía de Dios. Aunque pienses que puedes hacerlo solo, en muchas áreas de tu vida, en algún minuto verás la falta de crecimiento porque Dios es el que mejor conoce tú necesidad y en que estación te encuentras.









