Ser perfumista es un arte. En este arte, solo destacan aquellos que logran crear mezclas perfectas entre esencias, aceites y el espíritu. Esto es precisamente lo que Cristo hizo en la cruz: una mezcla perfecta que subió como un aroma fragante ante el Señor. Te invito a leer Efesios 5:2, que dice: «Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante«
Asimismo, el Apóstol Pablo utiliza la analogía de cómo nuestras actitudes pueden ser un olor agradable o desagradable ante el Señor.
Leamos 2 Corintios 2:14, que dice: «Ahora nos usa para difundir el conocimiento de Cristo por todas partes como un fragante perfume«. Y también en 2 Corintios 2:16, menciona: «Para los que se pierden, somos un espantoso olor de muerte y condenación, pero para aquellos que se salvan, somos un perfume que da vida«
A continuación, te mencionaré siete aspectos que un perfumista espiritual debe conocer para crear mezclas perfectas en sus perfumes espirituales.
6 COSAS QUE UN PERFUMISTA DEBE CONOCER
- UN PERFUMISTA SABE QUE LA VIDA ESTA LIGADA A LO QUE HUELE:
Toda la creación de Dios huele. Los animales huelen, las flores huelen, el mar huele, la tierra huele, el infierno huele y tú hueles. Nuestra carne expele olores como por ejemplo: Cuando vamos al baño, cuando sudamos, cuando vomitamos, cuando una comida nos repite o cuando morimos. Lo claro es que tú y yo estamos ligado a lo que olemos de principio a fin.
La vida está profundamente ligada a lo que percibimos a través de los olores, ya que, mediante los perfumes o fragancias que emitimos, enviamos mensajes subliminales. Estos mensajes están dirigidos a quienes nos rodean, asegurándonos de no pasar desapercibidos. Tales mensajes pueden ser de índole sexual, psicológica o sociológica. En lo sexual, por ejemplo, cuando una mujer está predispuesta a la intimidad, su cuerpo emite un olor conocido como feromonas. Aunque el hombre no lo vea, sí puede percibirlo y acercarse a ella. En lo psicológico, los aromas afectan nuestra psique, despertando sensaciones de agrado o desagrado que se reflejan físicamente. ¿Acaso tendríamos deseo de intimidad con nuestra pareja si hay un mal olor? La respuesta es, sin duda, «No». Lo mismo ocurre cuando entramos a un lugar: si el olor no nos agrada, evitamos entrar. Y en lo sociológico, buscamos ser aceptados por lo que exhalamos, ya que nuestro olor influye en nuestra aceptación social.
Sabemos que somos capaces de reconocer más de 10,000 aromas, pero nuestro lenguaje es limitado para describirlos con precisión. Por esta razón, Dios observa principalmente la intención de nuestro corazón, dejando de lado nuestra falta de destreza para expresar con palabras lo que sentimos.
En Jeremías 17:10 se nos dice: «Pero yo, el Señor, investigo todos los corazones y examino las intenciones secretas. A todos les doy la debida recompensa, según lo merecen sus acciones«
Un perfumista entiende que la vida está íntimamente conectada con lo que exhalamos y lo que recibimos a través de los olores.
Recuerdo cuando me quedé embarazada y no soportaba el olor a barniz de nuestra cama nueva; era tan desagradable que me impedía dormir en nuestro cuarto. Ese aroma, que rara vez he vuelto a percibir, sigue siendo motivo de rechazo cada vez que lo siento. También rememoro otros olores de mi tiempo en Argentina, como el que emana de los pavimentos después de la lluvia cálida. Estos ejemplos ilustran cómo cada uno de nosotros va tejiendo su propia biografía de aromas. Comenzamos con los olores de la infancia, como el aroma de una comida casera o el perfume del jardín de la abuela, para luego pasar a los de la adolescencia y, finalmente, los de nuestra pareja. La variedad es infinita, pero lo más fascinante es que cada persona construye una historia biográfica única e irrepetible de olores, que no solo nos afecta físicamente, sino también espiritualmente, a través de las experiencias que hemos vivido. De esta manera, podemos afirmar que cada uno de nosotros se convierte en el perfumista creador de su propio perfume.
- UN PERFUMISTA SABE QUE PRIMERO SE RECONOCE Y LUEGO SE PLASMA:
Todo buen perfumista comienza por reconocer una amplia gama de olores, para luego seleccionar aquellos que serán clave en la creación de una fragancia única. Así, el proceso se divide en dos pasos: primero, reconocer, y luego, plasmar. A lo largo de nuestra vida, hemos aprendido a identificar diversos aromas: el de un incendio, el de un bebé, el de los hospitales, e incluso el de las personas que nos rodean. En mi experiencia personal, viviendo en Estados Unidos, he aprendido a identificar el aroma de las personas de origen asiático, hindú y, por supuesto, de nuestros hermanos mexicanos. Cada cultura posee una riqueza de aromas que la distingue, a menudo influenciada por la comida, que es una mezcla pensada de aromas.
Llevado al plano espiritual, nuestro desafío radica en reconocer las intenciones de nuestro corazón, que se traducen en actos negativos. Estos actos solo generan aromas desagradables ante los ojos de Dios, y tarde o temprano, sus consecuencias se reflejan en nuestra vida, produciendo una cosecha desfavorable..
- EL PERFUMISTA SABE QUE TODO PERFUME DEJA UNA HUELLA INVISIBLE:
La memoria captura esas huellas invisibles de aromas y olores, plasmándolas profundamente en nuestra conciencia. No podemos verlas, tocarlas ni oírlas, pero cuando las percibimos, se convierten en algo real. Un ejemplo de esto es cuando decimos que «la política huele a podrido»: el olor es invisible, pero su testimonio refleja corrupción. Es importante destacar que un ser humano puede vivir sin ver, oír, tocar o incluso saborear, pero no puede sobrevivir sin respirar, ya que la respiración es el «vínculo esencial con la vida». Para oler, primero debemos respirar, porque no son lo mismo. Dios, al habernos creado a su imagen y semejanza, sabe lo fundamental que es respirar para poder percibir los olores. Y si nos creó a su imagen, eso implica que Él también respira y huele cada uno de nuestros actos, por más invisibles que sean.
- UN PERFUMISTA SABE QUE LOS ESTADOS HUELEN:
La pobreza y la riqueza tienen su propio olor, al igual que la vida y la muerte, lo que se ha echado a perder, lo nuevo y lo viejo. La pregunta es: ¿qué aroma crees que desprende tu estado espiritual ante el Señor en este momento? Ten en cuenta que una de las primeras acciones de Dios cuando entregas tu vida a Él es remover todo lo que no edifica tu vida ni honra Su Nombre. Él elimina lo malo de ti para luego llenar tu vida de sus bendiciones en un espacio limpio y renovado. No te menciono esto para que te asustes, sino para que comprendas que si hay cosas que están saliendo de tu vida y muriendo, es solo porque Él está transformando tu pobreza espiritual en una vida abundante. Agradece a Dios, porque «lo nuevo que Él trae siempre huele mejor que lo viejo que dejas atrás»
- UN PERFUMISTA SABE QUE LA ADORACIÓN ES UN ARTE:
Cada acto de nuestra vida debe ser una adoración que despida un aroma fragante hacia Dios, tal como lo fue el sacrificio de Cristo en la cruz (Efesios 5:2). Para crear una adoración de excelencia, debemos pensar como un buen perfumista. Un buen perfumista sabe que la elaboración de un perfume de calidad requiere la combinación de diversas esencias en sus proporciones perfectas. Además, entiende que debe añadir aceite para lograr una fijación duradera.
- a) Las esencias: La palabra «esencia» proviene del latín essentia, que significa «lo que es». Un perfume no sería perfume sin sus esencias aromáticas, de la misma forma que nosotros no podemos elevar nuestra vida al Señor como un perfume agradable sin tener la esencia de una vida que huele a Cristo. La vida en Cristo es lo que da esencia y existencia a nuestra fe viva; de lo contrario, nuestras acciones serían solo obras muertas. Por eso, Romanos 8:13 nos dice: «Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.»
- b) El aceite: Un perfume incluye aceite en su composición para lograr una mayor fijación. Este aceite es una figura del Espíritu Santo, quien actúa como el aceite de la unción. Es Él quien toma nuestro actuar con fe y le añade Su aceite, permitiendo que nuestra adoración se fije en la presencia de Dios.
Esto me recuerda a mi abuelo, un gran pastor, que ayudaba a los más necesitados movido por su amor al prójimo. Su actuar de fe y amor se fue fijando con el aceite del Espíritu Santo en la presencia de Dios, dando frutos que incluso ahora, viviendo en Dallas, puedo disfrutar de las bendiciones que él sembró. He conocido personas que jamás imaginé encontrar; ellos me han bendecido por la gratitud que guardan hacia él. Mi papá también ha sido testigo de la gratitud que la gente le tiene a mi abuelo. Un ejemplo reciente fue cuando se encontró con el evangelista Alberto Motessi en un congreso donde ambos predicaron. Al reconocer el apellido de mi papá, le preguntó si era hijo de Pablo Márquez, y al confirmarlo, lo abrazó y le dijo: «Nunca olvidaré a tu padre. Un día llegó a mi casa en Argentina con una canasta de comida cuando estábamos pasando por una gran necesidad económica.» Ese es el aceite del Espíritu Santo, un poder que trasciende nuestro alcance humano. Él es quien fija cada intención y acto de nuestra vida delante de la presencia de Dios, sin olvidar ninguno de ellos.
- UN PERFUMISTA BUSCA SEGREGAR CON SU VALIOSA CREACIÓN:
Un buen perfume no es algo que cualquiera pueda portar, especialmente debido a su alto valor. Aunque puedas pasar por los estantes de muestras gratuitas y bañarte en perfume, sabes en el fondo que dependerás de tu billetera para adquirirlo. Un perfume barato no tiene una fijación duradera, ya que su contenido de aceite es limitado. De la misma manera, puedes hacer muchas cosas por tus propias fuerzas, pero si decides dejar de hacerlo en tus propias capacidades y empiezas a actuar con las fuerzas del Señor, entonces ya no serás como un perfume barato al alcance de todos. Te convertirás en un perfume de gran valor, tanto para Dios como para el mundo. Te invito a reflexionar si los resultados que estás obteniendo son una evidencia de tu propia limitación respecto a la vida abundante que Cristo ofrece. Mientras menos permitas que Cristo actúe en ti, menos experimentarás de Él, y tu vida se convertirá en un perfume insípido y de baja calidad. Declaro que la revelación de Dios es progresiva y que Su palabra seguirá creciendo en ti, transformándote cada vez más.
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