Como familia, enfrentamos a diario el hermoso desafío del autismo, ya que, junto a mi esposo, tenemos dos hijos diagnosticados con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Es, sin duda, una experiencia que nos invita a aprender constantemente, llevándonos de la teoría a la práctica en un proceso de continuo crecimiento.
Le agradezco a Dios porque sus vidas han sido un regalo para nuestra familia, pero lo que más le agradezco es haber conectado con el propósito espiritual y el verdadero fundamento que es Cristo. Reconozco que, si nuestro fundamento no fuera Él, sobre el cual edificamos nuestra familia, esta experiencia sería del todo vacía y sin riqueza.
Creo que cada persona vive, actúa y piensa según el fundamento sobre cual edifica su vida. El fundamento es más que una forma de pensar, el fundamento es lo que tú has decidido creer. Es por esa razón que lo que crees es lo que determinará tu actuar. Cuando descubrí este principio experimenté la libertada; esa libertad que te libera de ser el protagonista de la circunstancia, para comenzar a vivir la plenitud de Cristo.
Pude ver con mayor claridad que el diagnóstico de mis hijos ya no era una sentencia lapidaría, como en un principio experimente. Sentí que dejé de perder el tiempo llorando, culpándome, investigando el por qué, e incluso cuestionar a Dios. Su dulce voz hablo a mi vida diciéndome, “tus hijos son perfectos para mí y el autismo es un desorden (trastorno) dentro de mi orden”.
Es mi deseo que a medida que leas todo el material que comparto puedas enriquecerte de varios de los principios Bíblicos que he recogido a través de mi experiencia como madre. Estoy segura de que si aplicas estas verdades de la Palabra de Dios, comenzarás a abrazar la bendición que el autismo representa.
Si tienes la experiencia de convivir con una persona autista, te invito a que descubras a través del Espíritu Santo su particular forma de vivir la vida y disfrutarla.









