La imaginación es un arma poderosa que usamos a diario y que por lo general subestimamos.
Ejemplos de cómo usas la imaginación:
- Imaginas como comenzará y terminara tu día.
- Imaginas que sucederá con tu vida.
- Con la imaginación das paso a los celos enfermizos.
- Imaginas también la cara de tu bebé sin conocerlo.
- Imaginas que te puedes enfermar de algo grabe.
- Imaginamos ilusamente qué nos vemos bien con cierto tipo de ropa.
- Imaginamos que trabajar más vale la pena al punto de descuidar la familia.
- Imaginamos que nos ira bien sin la guía de Dios.
IMAGINACIÓN NEGATIVA
Quiero destacar como punto fundamental que la imaginación negativa siempre tiene su origen en el alma del ser humano, nunca en el corazón de Dios. Recordemos cómo, en el pecado original, el hombre usó su imaginación para visualizarse alcanzando lo que la serpiente le presentaba como un gran logro, aunque Dios se lo había prohibido. La consecuencia de esa imaginación fue desastrosamente negativa (Génesis 3:1-6). Este patrón también se refleja en los resultados que obtenemos de nuestros miedos, ya que, en su mayoría, los miedos nacen de nuestra imaginación y no de la realidad. Otros aspectos negativos de nuestra imaginación, influenciados por nuestra naturaleza humana, incluyen la confusión, la falta de criterio y la tendencia a caer en ilusiones.
ENGAÑOSA IMAGINACIÓN
La imaginación humana, por lo general, es «engañosa», tal como lo es el corazón del ser humano, porque si no se somete a Dios, sus resultados serán constantemente perversos.
La Palabra de Dios dice en Jeremías 17:9: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?«. Es importante recordar que la imaginación no es más que el reflejo de nuestros pensamientos.
Si aceptamos que nuestra verdad es Cristo actuando en nosotros como una bendición completa y una realidad, el peligro radica en que nuestra comprensión de la relación con Él pueda ser meramente imaginaria, ya que no lo conocemos en profundidad. Un principio que no solo aplica a nuestra relación con Dios, sino a todos los ámbitos de la vida, es que «cuando no conocemos algo, terminamos imaginándolo».
Por ejemplo, si usted no conoce la Gran Muralla China, ni siquiera a través de fotografías, por más que yo se la describa, no significaría que la conocería. Así, terminaría imaginándola hasta llegar a verla en persona. Si esto está sucediendo en nuestras vidas, y estamos imaginando tener una relación con Dios, entonces nos enfrentamos a un gran problema: eso significa que nos estamos relacionando con Dios de acuerdo a una relación que no existe, sino a una que solo hemos imaginado.
IMAGINACIÓN POSITIVA
El ser humano tiene la capacidad de utilizar su imaginación de manera positiva y autónoma, incluso sin buscar la guía de Dios, ya que Él le ha otorgado una inteligencia inmensa. Sin embargo, el problema radica en que, en muchas ocasiones, ha utilizado esa capacidad como una herramienta de autodestrucción.
Pero tengo una excelente noticia: Dios ha establecido una relación con la humanidad, una relación que comenzó hace más de 2000 años cuando Jesús murió en la cruz, haciéndonos Sus hijos. Esta relación se llama el Nuevo Pacto. Fuera de este pacto, solo existe la oscuridad de una mente no renovada por Él, una mente que a menudo nos traiciona. Sin embargo, podemos ser libres de esto cada día.
El Nuevo Pacto es una relación con Dios en la que compartimos la vida de Cristo y Su conexión con el Padre.
Cuando vives la realidad de ser hijo de Dios y coheredero con Cristo, sabes que tienes derechos inherentes. Por lo tanto, jamás te comportarías, por ejemplo, como si fueras la mascota de la casa, porque de ser así, no podrías heredar la vida ni las posesiones de tu Padre, que en este caso es Dios. Esto nos deja claro que nuestra imaginación debería enfocarse solo en el cuadro completo, que es ser «herederos del Reino de Dios». Todo lo demás que podamos estar viviendo es temporal y jamás será nuestro final.
ORDEN DIVINO:
- Primero : Dios Habla.
- Segundo : El Hombre imagina.
En la Biblia, podemos ver el orden divino en el que los grandes hombres y mujeres de Dios, llamados a cumplir un propósito, no imaginaron primero lo que debían hacer, sino que escucharon primero lo que Dios les decía.
Un claro ejemplo de esto es María, la madre de Jesús. Ella nunca imaginó que sería la madre del Salvador; fue el ángel quien, de repente, llegó a su vida y le reveló el plan. Ella aceptó y, solo después de escuchar la palabra de Dios, comenzó a imaginar cómo sería todo. Otro ejemplo es el de Moisés, quien, al abrir el Mar Rojo para liberar al pueblo de Israel de 400 años de esclavitud, no lo imaginó primero; Dios le habló primero.
El problema del ser humano, por ejemplo, cuando recibe la noticia de una enfermedad grave como el cáncer, es que inmediatamente se imagina en el peor escenario y, luego, trata de hablar con Dios para recibir dirección. Igualmente, nos imaginamos muchas veces con una persona para casarnos y solo después le preguntamos a Dios si es la correcta. La invitación es clara: volver al orden divino, escuchando a Dios primero.
DECLARAR SU PALABRA
Declarar la Palabra de Dios es seguir el orden divino: primero, escuchar Su voz hablándote, y segundo, visualizar lo que lograrás. La Biblia es Su voz, hablándote directamente.
EL ORDEN DIVINO CUMPLIDO POR LOS NIÑOS
La imaginación de los niños es poderosa y pura, por eso Dios nos enseñó que debemos volver a ser como ellos. Son muy influenciables en su imaginación, y Satanás lo sabe. Él trata de envenenar sus mentes a través de la televisión, la computadora, los videojuegos, etc. Sin embargo, si llenáramos la imaginación de los niños con la Palabra de Dios y las maravillas de la vida, veríamos cómo crecen siendo niños sanos de alma y espíritu.
Estudios psicológicos han demostrado que los niños pequeños «razonan imaginando», mientras que los adultos y adolescentes «imaginan razonando». Esto reafirma que los niños siguen el orden divino, ya que primero «razonan imaginando». Es decir, el proceso de razonamiento viene antes, porque escuchar es uno de los primeros pasos que un receptor debe dar para luego razonar. El segundo paso es que el niño activa su imaginación para clarificar lo que ha recibido. De la misma manera, con Dios, primero razonamos lo que Él nos manda y lo comprendemos, para luego dar paso a la imaginación, y no al revés: primero imaginar y después intentar razonarlo.
Albert Einstein dijo: «La imaginación lo es todo. En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento, porque el conocimiento es limitado, la imaginación no«
«Bendice cada día tu imaginación buscando más de Dios»
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